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    CINE VERANO LA CALAHORRA

Fiestas

Y fiestas había casi todos los meses. En enero, además de Año Nuevo y Reyes se celebra San Antón, el patrón de los animales. San Antón, que comparte ermita con San Gregorio, se baja en procesión hasta la iglesia, se le dice la novena y el día diecisiete, acompañado de todas las caballerías del pueblo, vuelve a su habitual ubicación. Los mayordomos son los encargados de organizar el chisco, un montón de leña que se quema en la plaza durante la noche del día dieciséis. Muchos habitantes queman sus chiscos junto a su casa, reuniendo a vecinos y asando papas en el rescoldo. Esta fiesta termina con las «nueve vueltas», una carrera de mulos y caballos alrededor del conjunto de cementerio y ermita.

La fiesta de Marzo es el diecinueve, San José. Entre marzo y abril llega la Semana Santa, semana con continuos actos religiosos. La comida típica de estas fechas es la cazuela, el potaje de garbanzos, el bacalao y la tortilla; de postre arroz con leche y panecillos. Es tiempo de ayuno y abstinencia, de confesiones y comuniones, de continuas idas y venidas a la iglesia, y de tabernas cerradas mientras la procesión recorre las calles del pueblo.

El veinticinco de abril se celebra San Marcos el Evangelista. El acto central es la misa, las más concurrida del año, ya que al salir los asistentes reciben un rosco de pan ácimo al que se le atribuyen propiedades curativas. En esta ocasión los mayordomos piden trigo durante el verano anterior y se encargan de molerlo, hacer los roscos y distribuirlos a la salida de la iglesia.

El mes de mayo es el mes de «las flores a María» y el mes de las fiestas. En las escuelas se levanta un pequeño altar a la Virgen María, a la que los niños rezan, cantan y llevan flores. Las fiestas empiezan el primer día del mes con la Fiesta del Trabajo, que la iglesia nombra como San José Obrero.

En la noche del día dos al tres se disfruta de la fiesta de las Cruces. En el interior de algunas casas se levantan altares con cruces adornadas con plantas, flores, colchas y candelabros, alrededor de los que se reúne la gente para divertirse con juegos, cantos y bailes.

El nueve es la fiesta de San Gregorio Nacianceno, patrón de La Calahorra. Nueve días antes, San Gregorio se traslada en procesión a la iglesia desde su ermita, se le dice la novena, se saca en procesión el día ocho por la noche y el nueve por la mañana después de la misa. En estos días la plaza y la calle Los Caños se llenan de puestos de turrón, pasteles y otros dulces; en la plaza se montan los columpios y las voladeras, y algunos años se instala algún circo o teatro ambulante. Los calahorreños disfrutan intensamente estos días. La noche del ocho es la del «castillo fuego»: terminada la procesión la calle Los Caños se llena de gente paseando desde la fuente hasta la plaza, mientras en esta se alternan piezas de música con la quema de los fuegos artificiales. Las tabernas se abarrotan de clientes.

En mayo hay otros tres días de fiesta: el tradicional día de la Ascensión, y dos nuevas: el día trece la Virgen de Fátima y el quince San Isidro Labrador, patrón de los agricultores.

Tras la fiesta del Corpus Christi en junio, vienen la del 18 de julio, celebración del inicio de la guerra civil de 1936, y la de Santiago, patrón de España. Estas dos últimas junto a la del día de la Virgen, el quince de agosto, eran un oasis de descanso en el intenso trabajo del verano, eran días en que se iba a comer o a pasear a la vega de Aldeire.

En los últimos días de agosto y los primeros de septiembre, terminados los trabajos de recolección de cereales, era el momento de la fiesta del Señor, en honor del Santo Cristo de las Penas. Durante el sábado y el domingo se desarrolla como la de San Gregorio, con sus procesiones, misa, castillo fuego, banda de música, puestos de dulces, columpios y paseos. Del lunes al viernes siguiente se celebraba la feria de ganado: por la mañana todos los mulos debían estar en los bancales cercanos a las Vistillas y la Zagüela mientras la banda de música tocaba en la puerta de la Serafina. Por la tarde los paseos se repetían por la carretera de Alquife y la calle Los Caños. Durante estas mañanas, en la plaza se iba construyendo, con carros trabados con palos, una estructura que albergaría los festejos taurinos que se celebrarían el sábado y el domingo. El sábado por la mañana los novillos y cabestros llegaban a la vega, donde pacían en algún bancal de remolachas hasta que las autoridades llegaban hasta ellos para iniciar el encierro. Con el alcalde y los mayordomos detrás, la manada avanzaba por la carretera de Alquife hasta llegar al pilar de Los Caños, donde se provocaba una estampida y novillos y mozos corrían hacia la plaza rebosante de gente subida en los carros. El domingo por la tarde tenía lugar la novillada.

La fiesta de octubre, en conmemoración del descubrimiento de América, era el día doce, el Día de la Raza, en el que la Iglesia celebra la Virgen del Pilar. En noviembre, época de castañas, las festividades son el día uno, los Santos y el dos, el día de los Difuntos.

El último mes abundaba en fiestas: el día cuatro Santa Bárbara, patrona de los mineros y el ocho la Inmaculada Concepción. A final de mes las Navidades: tiempo de roscos, mantecados y tortas de aceite y de chicharrones, la Nochebuena con su misa del Gallo y grupos de gente cantando villancicos y pidiendo el aguinaldo; los tres días siguientes, días de Navidad, de merendilla en el Juancanal, de juego de la navaja en el Macabe y de lotería en los rincones soleados; y la noche de Añoviejo, de reuniones nocturnas en que se echan los años, se juega y se baila.