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    CINE VERANO LA CALAHORRA

Datos Socioeconómicos

Demografía

El municipio tiene una superficie de 39.45 km2. En 2022 tenía una población de 664 habitantes y una densidad de 16.83 hab/km2.

Los datos de la pirámide de población de 2022 se pueden resumir así:

  • La población menor de 20 años es el 12,65 % del total.
  • La comprendida entre 20-40 años es el 18,37 %.
  • La comprendida entre 40-60 años es el 31,48 %.
  • La mayor de 60 años es el 37,5 %.

Economía

Los habitantes de la casa no sólo constituían una unidad familiar, eran también una unidad económica que tendía a producir muchos de los artículos que se consumían en ella.

En casa del agricultor todos su miembros, hombres y mujeres, grandes y chicos, participaban en las faenas de siembra y recogida de trigo, garbanzos, papas, maíz, hortalizas y otros productos. Todos aportaban sus esfuerzos para sacar adelante la cría de gallinas, conejos, marranos, cabras y ovejas.

Las mujeres, además de las tareas de la casa, hacían vestidos, sábanas y otras prendas a partir de piezas de telas; con lana tejían abrigos, calcetines y bufandas; con los restos de aceite y grasa fabricaban jabón añadiéndole sosa cáustica.

Trabajo de los hombres era fabricar con esparto guita, tomiza y pleita con las que se hacían sogas, ronzales, serones, espuertas y otros útiles; y hacer múltiples reparaciones y chapuzas en los aperos de labranza, en la casa y en el campo.

En septiembre se hacían otros quehaceres como enristrar ajos, cebollas, tomates y pimientos secos, y hacer conservas de tomates guardándolos en frascos de vidrio. Los pastores se afanaban en el ordeño de sus ovejas y cabras y la elaboración de queso. Es éste un queso artesanal, de sabor característico, que con la denominación de queso de La Calahorra engloba los fabricados en las zonas de Guadix y el Marquesado.

Trabajo y fiesta se unían en la matanza. El cerdo se castraba, se cebaba durante todo el año, y al llegar las heladas invernales el matador se encargaba de sacrificarlo. Se descuartizaba, se separaban los jamones y los brazuelos, el lomo, el espinazo, las panzas y las mantecas. Las carnes se picaban, se mezclaban con especias y otros condimentos para hacer chorizo, salchicha y butifarra; con la manteca se hacía sobrada. Lomo, chorizos y morcillas se freían y se metían en orzas para su conservación. También se limpiaba la vejiga, que a fuerza de golpes se ablandaba y soplándola se convertía en una pelota algo excéntrica, la zambomba, con la que jugaban los niños.

La agricultura centraba la actividad económica del poblado. Las tierras se clasifican en tres grupos: Una pequeña porción, cercana al pueblo, es la vega, tierras de regadío, en la que se cultivaba remolacha, patatas, maíz, garbanzos, hortalizas, y algún frutal. De mayor extensión y más alejadas, otras tierras constituyen «el campo», que podía regarse en primavera; más lejos aún estaban las tierras de secano. El campo y el secano se destinaban al cultivo de trigo y cebada. En ambos se alterna la siembra y el barbecho.

El tiempo del trabajo se ajustaba a la luz del sol, por lo que en invierno las horas de faena eran escasas, mientras que las largas jornadas de verano con frecuencia se prolongaban durante la noche en tareas como aventar el trigo y la cebada o almacenar la paja.

Las labores de siembra y barbecho se hacían con el arado de palo con reja de hierro, y en menor medida con el arado de vertedera construido en hierro. En verano había otras ocupaciones: las mieses se segaban con las hoces, se juntaban en haces y se barcinaban hasta las eras en carros de ruedas de hierro o a lomos de los mulos. En la era los trillos de tabla o de ruedas deshacían la mies en paja y grano. Después se aventaban con máquinas, o bien con horcas aprovechando el suave viento de las tardes de agosto.

El herrador, que ponía herraduras en los cascos de las caballerías, y el fragüero, eran profesionales imprescindibles para las labores agrícolas.

Las fraguas, con su fuelle que mantiene encendido el fuego en el que se calienta hasta el rojo vivo el hierro; con su yunque, sobre el que a rítmicos golpes de martillos se forjaba el hierro candente; y con su pila de agua en la que se templaba la pieza recién forjada, eran talleres en continua actividad.

Otros hombres se ganaban el sustento con el también duro trabajo de la minería: hombres que venían de las minas de Alquife, pintados de pies a cabeza por el polvo rojo del mineral de hierro, con la lámpara de carburo con que iluminaba las oscuras galerías donde transcurría buena parte de su vida.

Oficios y actividades de los que apenas recordamos sus nombres ocupaban a otras personas: La recovera, mujer que se dedicaba a comprar huevos para venderlos en Guadix. La tostadora dedicada a tostar garbanzos y principalmente cebada, que era usada en infusión como sustituto del café. El tartanero con su tartana. El posadero que alberga y da comida a los transeúntes y sus animales. La espigadora que recogía las espigas que quedaban en el suelo tras la siega y la barcina. El panadero que en su horno cocía la masa de harina de trigo, agua y levadura trabajosamente elaborada por las incansables mujeres. El hojalatero, el quincallero,...